Música Parte I
Desde el fondo vacío de un
ascensor corre muy lento aquella balada pegadiza que no sale de la mente de
nadie, pero que no comprende cualquiera, escatimo la hora pero ya no importa
estoy a mitad del recorrido así que cerca de mis auriculares encuentro desasosiego.
Adjudico el modernismo a un tratado, un pacto con el tiempo, un dulce
reconocimiento a la rebeldía o peor aun la simple contra dependencia, pero heme
aquí no obstante alejándome del paisaje banal de aquella suave balada que todos
conocen pero yo no estoy a gusto en conocer.
Una llamada es simple, recibo una
suave llamada y se rompe ese pequeño contacto con el mundo interior, seguro
pero lleno de espigas, de lagunas mentales y finalmente de música recuerdo
lentamente a que realidad me adscribo, no existe tal rebusque es una simple
llamada que terminaré atendiendo y que en tan solo años no valdrá nada. Pero al
atender espero simplemente de nuevo un suceso sin relevancia pero esta vez es un accidente y no es
cualquiera es de un amigo muy querido.
Golpea, como agujas mi piel la
noticia me impacta detiene mi canción y la convierte en esa balada pública que
todos pueden escuchar el dolor colectivo, el de perder a alguien o el de al
menos imaginarle perdido, el trayecto acaba estoy ahora en el sexto piso del
edificio voy escaleras abajo por que la tranquilidad del elevador no disipa mi
angustia sino que la ve acrecentada. ¿De que me ocupo? Mi amigo esta bien, me
lo han dicho.
Voy mas despacio, decido volver a
refugiarme en mis auriculares y esta vez ocurre un suceso extraño de repente
aparece Wagner y aquellos sonidos graves y agudos colapsan en mi mente, decido
cambiar de estrategia y me monto en el auto ¿en que momento aquel escape
fortuito musical se había convertido en tal tragedia simple?, era un arma de
doble filo la música había que tratarla con cuidado sino se podía convertir en
una accidente de tránsito.
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