sábado, 26 de enero de 2013

Crónicas del oro negro

I

Cuenta la leyenda que en un país lejano existía un manantial lleno de riquezas, las mujeres más preciosas, los paisajes inmaculados y la gente más cálida. Aquella leyenda ha quedado técnicamente para la posteridad se ha convertido en la respuesta inmediata, de defensa y finalmente de consolación para los habitantes de aquel país lejano.

Sus calles son solo el último trazo que ha dejado la tinta de un artista sin inspiración, frustrado o en el peor de los casos incompleto, la desconfianza se ha vuelto la reina que gobierna los pensamientos del colectivo, confiamos en nuestra sombra porque es la única que nos indica que seguimos vivos, puede sonar dramático y probablemente catastrófico  pero así llego a sentirme cuando paso por algún arancel de cualquier supermercado de mi país, todo se resume a esa imagen catastrófica, pero antes de comenzar a preocuparme mas de lo debido sigo mi camino.

Respiro profundo para no comenzar a desprestigiar cosas que no pueden ser desprestigiadas, pronto me encuentro con la realidad estoy en aquella larga fila esperando para cancelar los pocos insumos que logro encontrar en aquel supermercado, pero aunque lo evito he dicho, vuelve a mí.

-¿Usted cree que esto es posible?- se dirige a mí una señora desconocida con unos treinta años más que yo pero con la misma desesperación...

-No lo creería señora, es lamentable pero es así- le digo.

-Solo no has visto nada, la vez pasada llegaron algunos insumos y se golpearon unos con otros, hoy no ocurre nada porque se ha acabado todo- me dice mientras llega su turno de cancelar.

- Alguien debe hacer algo- me dice.

-Sí, tiene razón alguien debe hacerlo- le respondo, para cuando la conversación acaba ya la señora recibe su vuelto y su ticket, despidiéndose de mí.

Entonces no es nada nuevo, vuelvo al mismo lugar de todos los días ¿Porque si nadie está a gusto? ¿Porque no hacemos algo?...

Probablemente si alguien hace muchos años escuchara esto creería que miento, pero es la realidad, nadie en todo el globo terráqueo entiende este tipo de conversaciones como los venezolanos, es nuestro pan de cada día, las conversaciones en las colas, en la oficina, en las escuelas, en la calle, últimamente he comenzado a creer que somos adictos,  a los problemas a nuestro presidente, al desastre, a la viveza, a no hacer nada, a criticar y finalmente somos solo adictos al atraso.

Es solo costumbre me digo, vuelvo a mis pisadas infantiles, aquellas que no sucedieron hace mucho pero parecen haber sido una eternidad, el tiempo se detiene para aquella época comencé a sentir el impacto que hoy es el común de los venezolanos,  en plena víspera de navidad el país lejano se detuvo y comenzó para mí la historia de la escasez, recuerdo interminables horas en aquellas largas colas, que todos creíamos que serían solo parte de un chiste que pasaría a la posteridad aún hoy más de diez años después es el mismo cuento bajo el cual se escudan los colores políticos primarios para sostener discursos algunos conmemorando la fecha como una victoria y otros como una derrota, pero a la final para los civiles normales que si caminamos por las calles, que si vamos a supermercados y que aún en el fondo soñamos con un milagro universal donde podamos despertar en un país que avanza en vez de ir en retroceso estamos viviendo solo en un pasado que no termina.

Recuerdo todo claramente, fue deprimente ver como aquel territorio tan rico donde se contaban yacían  las riquezas más grandes del mundo comenzaba a empotrarse en su propio oro negro. Vuelvo a la realidad, voy en busca de ese producto que no consigo  hay un alto porcentaje que termina como yo consumiéndolo al doble del costo porque no queremos perder lo que nos distingue de los animales en salvajes luchando en revueltas en supermercados por algo que deberíamos conseguir fácilmente porque no es oro, es comida.

Con resignación regreso a casa. Somos literalmente más felices cuando olvidamos donde vivimos, o bueno así lo veo. Enciendo de nuevo el Televisor pero entonces descubro que existe otro mundo que es distinto al mío, observo a todos y cada uno de los que dirigen este país, no voy a apuntar con un dedo a alguien, es sencillo todos somos culpables, desde aquel que coloco un voto en la urna y vendió a su país, hasta aquel que no hizo nada para cambiarlo, me entristece creer que se tienen los dirigentes que se merecen y entonces concluyo que quizá cada uno de los ciudadanos de este país necesita conocer los extremos para tomar  mejores elecciones.

Pero casi lo olvido, no todos los que existimos en este país lejano nos sentimos en reversa, existen otros que se siente aún más cómodos que antes, disfrutan de lo que brota de aquel pozo de oro negro, que recuerden poco a poco se hunde, pero nunca nadie ha pensado igual entonces sigo conjugando verbos en mi cabeza y construyendo una historia que puede llegar a ser subjetiva pero es auténtica, me canso de la televisión y renuncio, apago el televisor.

Decido ha sido mucho por este día así que me resigno y apago ese generador, pero aún sigo preguntándome algo, si aquellos que sentimos impotencia y queremos salvar aquel país lejano que se hunde en oro negro, si queremos dejar de utilizar las pocas cosas que nos quedan para no perder credibilidad y obtener nuevos méritos, si queremos ser conocidos solo como un Estado y no un individuo político, si ahora usted camina por un arancel y siente ese dolor que nace en las entrañas cuando se da cuenta en lo que nos hemos convertido, si usted al igual que yo lee la prensa y solo se traga la impotencia o si al menos usted en este momento cree que también se hunde en el pozo negro, salga, exprésese  y nunca se rinda....la leyenda cuenta que estamos escribiendo historia y si dejamos que solo algunos la cuenten dejara de ser autentica .



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