I
Cuenta la leyenda que en un país lejano
existía un manantial lleno de riquezas, las mujeres más preciosas, los paisajes
inmaculados y la gente más cálida. Aquella leyenda ha quedado técnicamente para
la posteridad se ha convertido en la respuesta inmediata, de defensa y
finalmente de consolación para los habitantes de aquel país lejano.
Sus calles son
solo el último trazo que ha dejado la tinta de un artista sin inspiración,
frustrado o en el peor de los casos incompleto, la desconfianza se ha vuelto la
reina que gobierna los pensamientos del colectivo, confiamos en nuestra sombra
porque es la única que nos indica que seguimos vivos, puede sonar dramático y
probablemente catastrófico pero así llego a sentirme cuando paso por
algún arancel de cualquier supermercado de mi país, todo se resume a esa imagen
catastrófica, pero antes de comenzar a preocuparme mas de lo debido sigo mi
camino.
Respiro
profundo para no comenzar a desprestigiar cosas que no pueden ser
desprestigiadas, pronto me encuentro con la realidad estoy en aquella larga
fila esperando para cancelar los pocos insumos que logro encontrar en
aquel supermercado, pero aunque lo evito he dicho, vuelve a mí.
-¿Usted cree
que esto es posible?- se dirige a mí una señora desconocida con unos treinta
años más que yo pero con la misma desesperación...
-No lo creería
señora, es lamentable pero es así- le digo.
-Solo no has
visto nada, la vez pasada llegaron algunos insumos y se golpearon unos con
otros, hoy no ocurre nada porque se ha acabado todo- me dice mientras llega su
turno de cancelar.
- Alguien debe
hacer algo- me dice.
-Sí, tiene razón
alguien debe hacerlo- le respondo, para cuando la conversación acaba ya la
señora recibe su vuelto y su ticket, despidiéndose de mí.
Entonces no es
nada nuevo, vuelvo al mismo lugar de todos los días ¿Porque si nadie está a
gusto? ¿Porque no hacemos algo?...
Probablemente si
alguien hace muchos años escuchara esto creería que miento, pero es la
realidad, nadie en todo el globo terráqueo entiende este tipo de conversaciones
como los venezolanos, es nuestro pan de cada día, las conversaciones en las
colas, en la oficina, en las escuelas, en la calle, últimamente he
comenzado a creer que somos adictos, a los problemas a nuestro
presidente, al desastre, a la viveza, a no hacer nada, a criticar y finalmente
somos solo adictos al atraso.
Es solo
costumbre me digo, vuelvo a mis pisadas infantiles, aquellas que no sucedieron
hace mucho pero parecen haber sido una eternidad, el tiempo se detiene para
aquella época comencé a sentir el impacto que hoy es el común de los
venezolanos, en plena víspera de navidad el país lejano se
detuvo y comenzó para mí la historia de la escasez, recuerdo
interminables horas en aquellas largas colas, que todos creíamos que serían
solo parte de un chiste que pasaría a la posteridad aún hoy más de diez años
después es el mismo cuento bajo el cual se escudan los colores políticos
primarios para sostener discursos algunos conmemorando la fecha como una
victoria y otros como una derrota, pero a la final para los civiles normales
que si caminamos por las calles, que si vamos a supermercados y que aún en el
fondo soñamos con un milagro universal donde podamos despertar en
un país que avanza en vez de ir en retroceso estamos viviendo solo en
un pasado que no termina.
Recuerdo todo
claramente, fue deprimente ver como aquel territorio tan rico donde se contaban
yacían las riquezas más grandes del mundo comenzaba a empotrarse en su
propio oro negro. Vuelvo a la realidad, voy en busca de ese producto que
no consigo hay un alto porcentaje que termina como
yo consumiéndolo al doble del costo porque no queremos perder lo que nos
distingue de los animales en salvajes luchando en revueltas en
supermercados por algo que deberíamos conseguir fácilmente porque no es oro, es
comida.
Con resignación
regreso a casa. Somos literalmente más felices cuando olvidamos donde vivimos,
o bueno así lo veo. Enciendo de nuevo el Televisor pero entonces descubro que
existe otro mundo que es distinto al mío, observo a todos y cada uno de los que
dirigen este país, no voy a apuntar con un dedo a alguien, es sencillo todos
somos culpables, desde aquel que coloco un voto en la urna y vendió a su país,
hasta aquel que no hizo nada para cambiarlo, me entristece creer que se tienen
los dirigentes que se merecen y entonces concluyo que quizá cada uno de los
ciudadanos de este país necesita conocer los extremos para tomar mejores
elecciones.
Pero casi lo
olvido, no todos los que existimos en este país lejano nos sentimos en reversa,
existen otros que se siente aún más cómodos que antes, disfrutan de
lo que brota de aquel pozo de oro negro, que recuerden poco a poco se hunde,
pero nunca nadie ha pensado igual entonces sigo conjugando verbos en mi cabeza
y construyendo una historia que puede llegar a ser subjetiva pero es auténtica,
me canso de la televisión y renuncio, apago el televisor.
Decido ha sido
mucho por este día así que me resigno y apago ese generador, pero aún
sigo preguntándome algo, si aquellos que sentimos impotencia y
queremos salvar aquel país lejano que se hunde en oro negro, si queremos dejar
de utilizar las pocas cosas que nos quedan para no perder credibilidad y
obtener nuevos méritos, si queremos ser conocidos solo como un Estado y no un
individuo político, si ahora usted camina por un arancel y siente ese dolor que
nace en las entrañas cuando se da cuenta en lo que nos hemos convertido, si
usted al igual que yo lee la prensa y solo se traga la impotencia o si al menos
usted en este momento cree que también se hunde en el pozo negro, salga, exprésese
y nunca se rinda....la leyenda cuenta que estamos escribiendo historia y
si dejamos que solo algunos la cuenten dejara de ser autentica .
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