miércoles, 30 de enero de 2013

Mas allá de Casadia


I
En la pequeña provincia de Yal aproximadamente a dos horas de distancia de la capital existe un poblado llamado Casadia, dicen que el origen de su nombre se halla en la constante cantidad de ríos que por la zona desembocaban y la exorbitante cantidad de caídas de agua que se generaban, aproximadamente había unas cuatro cascadas y aunque parezca surrealista en honor a esta bendición fluvial denominaron así al poblado…
Técnicamente hago el mismo resumen matutino en mi cabeza para no olvidar cada palabra, cada frase o cada expresión característica ya que como ejemplar guía turística debía salir casi natural de mis labios aquella sonrisa y hospitalidad, debía estar ciertamente agotada pero actuaba casi por inercia, de alguna forma casi mi café se preparaba solo en las mañanas así que aprender la corta descripción del lugar donde vivo no me causaba tal dificultad.
Poco antes de comenzar mi jornada matutina recibo una llamada de Jeff, mi jefe.
Planes fuera Heidi, lo de surrealista en la frase de explicación suena un poco despectivo, cambia la palabra- me comunica casi a la velocidad de la luz, apenas estoy digiriendo que estoy despierta cuando concluye- otra cosa la parada de hoy comienza en la venta de artesanía, los Legon están pagando mucho mejor que los vendedores de insumos al final de la calle principal, así que cambio y fuera He- concluye así la llamada de 22 segundos, ¿Qué fue lo que dijo?.
Al terminar mi café confieso que no estoy tan de ánimos para tomar la bicicleta así que me coloco mi atuendo más cómodo y comienzo la caminata de cinco cuadras al negocio artesanal, mi trabajo consiste en guiar a los turistas que pasan por nuestro acogedor poblado que pasa la mayor parte del año con un radiante sol y disfrutamos de dos meses continuos de lluvias y penumbras, los días de sol están anunciando su próximo sepelio así que debo conseguir una nueva sombrilla para las próximas semanas.
Ser guía turística en el pueblo donde vives puede ser tedioso, la mayor parte del tiempo la gente que nos visita lo hace porque los paquetes turísticos ofrecen a menos costo esta parada extra como parte de un soporte para el Estado de manera tal que se cubran las cuotas obligadas anuales que debe dedicar el País a la promoción del turismo de ciertas provincias así que gracias a esta normativa con trasfondo de beneficio Político y económico genera para mí un trabajo, por ello no me molesto.
Llego al poco tiempo, no tardan mucho en llegar las 15 personas, el recorrido de hoy será innovador un corto recorrido en tren por algunos valles y ríos. Luego de explorar la ciudad y ver como gastan gran parte de su dinero en la artesanía del lugar sin saber que es importada desde otros países, me rio en mi fuero interno. Cuando hacemos una parada en la cafetería mi amiga Lulu comienza a actualizarme.
-Hoy se fueron los Yale- me dice mientras sirve un jugo a un cliente.
-¿De viaje?- pregunto- Pero si fueron a Rusia hace dos meses.
-No, vendieron la casa- me dice mientras lleva a cabo una lucha con la caja registradora- Extraño ¿no?
-Más de lo normal- miro el reloj me quedan pocos minutos- no creo que sea coincidencia  Lulu son la segunda pareja de ancianos en un mes, comienzo a creer que hay algo.
-Estás viendo muchas películas Heidi, deberías salir más, ve  a la ciudad- me dice.
-Creo que trabajaré horas extra este mes, lo dudo mucho- rio un poco por lo bajo- Te dejo, adiós.
Pronto comienza a cesar la tarde, cuando vamos por el tren justo en la intersección cercana al pueblo denoto una casa es pequeña hecha de madera antigua y totalmente a oscuras, es casi instantáneo antes de poder pestañear más de dos veces, la luz de la ventana derecha se enciende el rostro de una señora aparece luego en cuestión de segundos la luz se apaga y queda la casa de nuevo penumbras.
Quedo paralizada de la impresión, pasaba por allí una vez a la semana y en aquella casa nunca había sido encendida luz alguna, comencé a creer que era el exceso de café y luego de despedirme de los turistas en el tren, fui justo antes de que el señor Antonio cerrase la librería. Él era un anciano bastante menudo de cabellos grisáceos, estaba rondando los sesenta años y en su juventud podría haber sido bastante apuesto.
Él sabía casi todo sobre la historia del poblado, así que decidí preguntar.
-Buenas noches, señor Antonio la casa que está justo antes de la parada de trenes, ¿Quién reside en ella?-
-Sencillo jovencita, nadie- me sonrió.
-¿Cómo que nadie?- pregunte un poco nerviosa.
-Nadie, hace quince años vivía una señora con sus hijos pequeños pero desde un 6 de junio la señora partió y no volvió más, muchos creen que fue por una enfermedad y otros dicen que falleció y sus hijos no quisieron que nadie se enterase del hecho.
-¿Está muerta?-
-Muy probablemente- sonrió de nuevo- pero la casa está abandonada ¿Por qué la curiosidad?
-Por nada, creo que estoy algo cansada, gracias- justo antes de irme interrumpe.
-Ten cuidado jovencita.
En pocos segundos estoy en la puerta de mi casa, no soy partidaria de creer en cosas paranormales pero aquello que vi no pudo haber sido mera ilusión. Busco algún libro interesante dentro de la antigua biblioteca familiar, encuentro un viejo álbum de mi madre y comienzo a hojearlo, me encuentro con viejas fotos en lugares rurales, parque de diversiones visitas a la ciudad e interminables horas de juego con mis primos, pero mi corazón se detiene con una foto en particular son mi madre y mi padre abrazando a dos ancianos justo frente a aquella casa en penumbra donde hace pocos minutos acababa de ver a la anciana en la ventana.

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